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MORIR DE AMOR

Morír de mal de amor
como mueren las rosas
cuando les falta agua;
como muere el pensamiento
cuando se mete la luna
y comienza la mañana.

Es como morír lento,
como una suave sensación
 de sucumbir
entre tus brazos
y tu fragancia, que mas que 
enloquecer, mata.

Mas me hubiera valido
no saborear nunca de la sabia
de tus besos,
que envenena,
que se vuelve necesaria
para seguir respirando
el aire que se cuela 
por mi ventana.

Morír de mal de amor
es escuchar a lo lejos
una suave música
que hiere, que me confunde,
en ver el cielo enrojecer
como esa luz de aquélla vela
que agoniza;
pero que me hace tanta falta.

Morír de amor...
es solo eso...
un espacio donde la espera
se hace muy larga.



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NO TE QUIERO PERDER

Quédate a mi lado aunque estando contigo, tu presencia se vuelve un vacío difícil de llenar.
Aunque cerca de ti la distancia se vuelva eterna y hasta los días me parezcan  mas largos.
Aún veo en tu mirada un hálito de esperanza aunque tu boca se niega a pronunciar la palabra amor.
Quédate conmigo; aunque al final pierda la batalla y confunda las noches solitarias con el olvido que callas.
Eres algo de mi vida que no quiero perder.
Aída Alanís Mayo  14  2017

AUTORRETRATO

Hablemos claro... yo no soy una sombra; soy un alma, con cuerpo y con memoria.
Un destino en un mundo inalcanzable; la geografía accidentada de un mar de dolor, sín tiempo.
Con el pasado sumergido en las arenas de un tétrico diluvio de necedades.
Sin embargo... soy un cuerpo febril con deseos de amar y de placeres.
Con deseos de risas y alegrías; de besos partiéndome los labios a mordidas.
Hablemos claro... soy ayer, hoy, y quizá, un futuro en el que el cansacio forme parte del pasado.

CALLAR NO CUESTA NADA

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¿ Quizá, sería el escándalo del mundo y del pueblo ? tal vez haría que se juntaran los cielos y las aguas.
O pasaría inadvertida frente a toda la gente puritana que se viste de falsas realidades pero que llevan ocultas miles de palabras, sin voz, y miles de deseos, sin llamas.
Ay, si mi silencio hablara ! tal vez todo sería distinto; dejaría de tener sed de justicia y hambre de calma, dejarían de ser frías mis madrugadas después de todo... callar no cuesta nada.
Aída Alanís.
Enero 30  2017